Noche tras noche, un perro aullaba junto a un viejo pozo abandonado։ Y cuando la gente finalmente se atrevió a mirar dentro — sus corazones se detuvieron…

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🐕 😱Noche tras noche, un perro aullaba junto a un viejo pozo abandonado. Y cuando la gente finalmente se atrevió a mirar dentro — sus corazones se detuvieron…

En el tranquilo pueblo, la vida transcurría como siempre — lenta, monótona, sin incidentes. Pero un día, todo cambió. Junto al pozo inclinado, del que nadie se acordaba, apareció un gran pastor alemán. Al principio pensaron que estaba perdido y buscaba a su dueño. Pero pasaban los días, y no se marchaba. De día se sentaba, de noche aullaba — tan largo y profundo que zumbaban los oídos.

Las mujeres se santiguaban, los ancianos recordaban que aquel pozo alguna vez fue considerado maldito — decían que “una sombra vivía allí”. Los jóvenes se reían, pero las risas pronto se apagaron. Incluso los más valientes empezaron a evitar aquel lugar.

Hasta que una noche, tres hombres decidieron comprobar qué había dentro. La luz de sus linternas temblaba en sus manos. El perro se levantó, gimió suavemente y corrió hacia el borde, como si rogara: “¡Miren!”

Uno de ellos iluminó el fondo. Algo brilló allí abajo, como si fueran ojos. De repente, desde las profundidades se oyó un sonido — no un ladrido, no un gemido, sino… una voz. Humana. Las palabras eran ininteligibles, pero cada uno oyó claramente su propio nombre. 😨

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Uno de ellos iluminó el fondo. Algo brilló allí abajo, como si fueran ojos. De repente, desde las profundidades se oyó un sonido — no un ladrido, no un gemido, sino… una voz. Humana. Las palabras eran ininteligibles, pero cada uno oyó claramente su propio nombre.

Los hombres se miraron. Uno maldijo, otro palideció, y el perro aulló — esta vez no de miedo, sino de desesperación. Parecía entender que allí abajo no había solo una persona.

Cuando los rescatistas bajaron, el aire se volvió espeso, como si el pozo absorbiera la energía de los presentes. En el fondo yacía un joven. Su rostro estaba cubierto de barro, los ojos — entrecerrados.

Pero lo más inquietante era otra cosa: debajo de él había una vieja muñeca de trapo, empapada y ennegrecida por la humedad.

Sacaron al joven. Respiraba, pero no reconocía a nadie. Solo murmuraba una y otra vez:
— Ella… me llamaba… desde el agua…

Más tarde se descubrió que ese pozo había sido sellado después de la desaparición de una niña. Esa muñeca le pertenecía.

Desde entonces, cada noche, el perro regresa al pozo. Permanece allí, en la oscuridad, gimiendo suavemente — como si temiera que la voz del fondo llamara a alguien más…

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El Lindo Rincón