😵😲Corrí hacia la dependienta que yacía dentro del refrigerador, preparado para escuchar sobre un desmayo, un incendio o incluso un apocalipsis inminente — pero su respuesta resultó ser más absurda y aterradora que cualquier catástrofe.
Entré en mi diminuta tienda como siempre. Y allí — una escena digna de un mal thriller: mi dependienta tirada en la nevera, entre salchichas, quesos y filetes congelados, como un producto en oferta «dos por el precio de uno».
Me lancé hacia ella, abrí la puerta y, casi sin aliento, grité:
— ¿Qué estás haciendo?! ¿Por qué te encerraste aquí?! ¡La gente ya te está grabando, se ríen! ¡Va a venir la policía, sanidad, los blogueros… es el fin del negocio!
Los clientes se habían agolpado como ante un animal raro en un zoológico. Algunos comentaban, otros hacían un directo, otros masticaban patatas fritas. El ambiente — casi festivo.
Y ella… gira lentamente la cabeza hacia mí. Sin pánico. Sin vergüenza. Con la expresión de alguien a quien acaban de despertar de vacaciones.
😵😵Yo estaba preparado para oír cualquier cosa: un desmayo, un mareo, una crisis nerviosa, una protesta secreta contra los embutidos, o incluso que confundió las puertas…
Pero no esto.
Continuación en el primer comentario👇👇
— Aquí la señal de Internet es mejor — dijo tranquilamente — y hoy sale el último capítulo de mi serie.
Y ya está.
Sin música dramática, sin arrepentimiento, sin vergüenza. Solo la serie. El final de temporada era más importante que las normas higiénicas, los clientes, mi posible infarto y la reputación de la tienda.
En ese momento entendí una cosa: el frigorífico no era lo más frío de esta historia. El más congelado era yo — con mis nervios, mis reglas, mi lógica y mis intentos de controlarlo todo.
A mi alrededor la vida continuaba: alguien grababa, alguien reía, alguien subía el vídeo a internet más rápido de lo que yo podía pensar.
Cerré la puerta del frigorífico en silencio. No porque lo hubiera comprendido todo. Sino porque entendí que discutir con la realidad moderna es como pelearse con las salchichas.










